PRIMERA PARTE
ASOMANDONOS A NUESTRA HISTORIA
EL CARMELO
Nacimos junto a una Fuente y en un Monte, el monte “Jardín de Dios”, el Monte Carmelo.
Somos hijos de aquellos Caballeros que soñaron conquistar Tierra Santa, la tierra de Jesùs y su sueño fué mucho màs lejos, en el silencio y la soledad del Monte del profeta Elías conquistaron la verdadera tierra del Señor: nuestro propio interior. Se convirtieron en los ermitanos que viven “junto a la fuente de Elías” en Wadi’ain es Siah, un valle abierto al Mediterraneo. Inspirados en el celo del profeta de fuego toman a María como Madre y Hermana y Señora.
“Vivir en obsequio de Jesucristo, meditando día y noche la ley del Señor, en su celda, en soledad y pobreza, trabajando con sus manos y obedeciendo a un superior” son las bases sencillas de su norma de vida o Regla, sólo se juntan para oir misa en el oratorio que se levanta en medio de las celdas.
Los ermitanos piden a la Iglesia que apruebe su estilo de vida, será el Patriarca de Jerusalèn, San Alberto, quien le de forma eclesial a la vida sencilla y orante de estos anacoretas al comienzo del siglo XIII. “Alberto por la gracia de Dios, patriarca de Jerusalèn a los amados hijos en Cristo B(rocardo) y demás eremitas que moran bajo su obediencia junto a la fuente del Monte Carmelo …”
Pero aquellos padres nuestros, pronto, muy pronto se vieron obligados a abandonar aquel lugar que tanto invitaba a la oración y a la contemplación; los Sarracenos habían invadido Tierra Santa y los Carmelitas tuvieron que regresar a Europa (Chipre, Sicilia, Inglaterra, Marsella…). Corría la tercera dècada del siglo XIII.
En Europa nuestra vida poco a poco fuè cambiando, nos tuvimos que adaptar a otros pueblos, a otras culturas, a otra Iglesia, a otra forma de vida.
Progresivamente fuimos transformandonos de un estilo de vida contemplativo a un estilo mendicante, eso si, siempre conservamos aquellos orígenes junto a la Fuente de Elías.
Aquella sencilla Regla de Vida tan llena de citas Biblicas no era suficiente, la Orden se había expandido por toda Europa y por tanto aumenta la necesidad de estructuras institucionales. Sólo habían pasado unos años, etamos a finales del siglo XIII y ya se han redactado dos Constituciones (1281 y 1294).
En este proceso de cambio, de adaptaciòn, de crecimiento … la Virgen María sigue presente, aquellos ermitanos que construyeron una capilla en honor de nuestra Señora, tomaron tambièn su nombre “hermanos de la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo” y ese titulo los acompañó en su nueva vida en Europa, asi los reconoció la Iglesia ( Papa Alejandro IV en Bula de 1256).
Y la Virgen María al ver a sus hijos en dificultad les da un signo de proteción: el Escapulario. Es el gran signo de relación de los Carmelitas con su Madre. “Estando San Simòn Stock suplicando favor a la Virgen con la oraciòn Flos Carmelis : Flor del Carmelo, Viña Florida, Esplendor del Cielo, Virgen Fecunda y Singular, Oh Madre Amable, Mujer sin mancilla , Protege siempre a los Carmelitas , Estrella del Mar. Se le apareció la Bienaventurada Virgen Maria … llevando en sus benditas manos el Escapulario de la Orden y diciendo estas palabras : Este serà el privilegio para ti y todos los Carmelitas: el que con èl muriere se salvarà”.
Aquella pequeña semilla que brotò en el Monte Carmelo con el paso de los años y los siglos se convirtiò en un àrbol lleno de frutos. Fundamos por toda Europa conservando siempre ese aire ermitano pero abriendonos a una nueva realidad.
EL CARMELO DESCALZO
Nacimos junto a la Fuente de Elías en el Monte Carmelo. Somos hijas de ermitaños y profetas … pero también de místicos y poetas: “Nacimos de una experiencia del Centro del alma, de una experiencia de Dios”.
Viajamos ahora al siglo de Oro español, al siglo XVI, en tierras de la Vieja Castilla, Avila de los Caballeros. Hasta allí ha llegado el Carmelo en su Orden Segunda (rama femenina). Aquellos pequeños eremitorios se han convertido en inmensos monasterios, en este de Avila viven màs de 180 monjas, una de ellas es Teresa de Cepeda y Ahumada.
… Y nos acercamos a ella de puntillas, la descubrimos en sus primeros años en el Carmelo, las dificultades que sufriò y la Acciòn de Dios que cambiò su vida hasta hacerla vivir “una vida nueva”, se siente invadida por dentro y sumergida por fuera en la presencia de Dios: “Tenía yo algunas veces comienzo de lo que ahora dirè: acaeciame en esta representaciòn que hacía de ponerme cabe Cristo, y aún algunas veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios, que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mi o yo toda engolfada en El” (Vida 10,1).
Bajo esta experiencia profunda, junto a algunas de las monjas jovenes de la Encarnaciòn, en la celda de Teresa, sueñan regresar a los Origenes, a aquella Fuente, a la pobreza , a la Descalcez… . Pero la decisiòn le viene de lo alto: “Habiendo un día comulgado, mandòme mucho Su Majestad lo procurase con todas mis fuerzas, hacièndome grandes promesas de que no se dejaría de hacer el monasterio, y que se serviria mucho en èl, y que se llamase San Josè … y que Cristo andaría con nosotras, y que sería una estrella que diese de si gran resplandor, que dijese a mi confesor esto que me mandaba” (Vida 32,11) . Nace el Carmelo Descalzo : “ …todas ocupadas en oraciòn por los que son defensores de la Iglesia, y predicadores y letrados … no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia…. Estando encerradas peleamos por El”. (Camino de Perfecciòn 1,2.5, 3.5). Monasterios pequeños donde se pueda vivir la fraternidad, no màs de 21 monjas, ocupadas en Oraciòn, con una dimensiòn eclesial y los ojos siempre en Vuestro Esposo.
A esta gran aventura que naciò el 24 de Agosto de 1562 se une pronto, muy pronto Juan de la Cruz tambièn con grandes deseos de beber en la Fuente, serà el primero de los descalzos y el mejor poeta y mistico de la lengua castellana.
No acabariamos si recordasemos a los Santos que han bebido de este Carisma, que han encontrado a Dios en estas fuentes, santos cuyos nombres llevamos en nuestro corazòn y santos escondidos .
Pero viajemos ahora a otro lugar de la historia “en un lugar de la Mancha”
EL CARMELO EN DAIMIEL
Corre el año 1599. Vísperas de San Pedro y San Pablo, ya comienza a arreciar el calor en la llanura manchega. Ocho monjas de las descalzas, de las que fundò la Madre Teresa de Jesùs, llegan a la villa de Daimiel. Vienen a fundar otro palomarcito, uno màs de los que estàn esparcidos por toda España al estilo de la Madre fundadora “todas ocupadas en oraciòn …”. Las hermanas proceden de los Conventos de San Josè de Valencia ( Inès de San Agustin, María de la Visitaciòn, Isabel de la Visitaciòn e Isabel de la Concepciòn), de Villanueva de la Jara (Elvira de San Angelo), de Cuerva (Francisca de San Josè) y de Malagòn (Teresa de Jesùs y Catalina de San Elías).
El fundador, el hidalgo D. Gonzalo de Oviedo y Vasallàn, guarda mayor de la Dehesa y montes de Zacatena, ha procurado que se hiciese este Monasterio “para el servicio de Dios nuestro Señor y de la gloriosa y siempre Virgen Santa María” y les ha prometido casa, celdas, huerta y hacienda. El general de la Orden, Elías de S. Martin, ya había aceptado la fundación el 7 de Enero de 1599.
Pero al llegar las hermanas a la villa se encuentran que el fundador ha fallecido y la herencia del hidalgo està muy enrevesada. Las monjas ocupan unas casas que habilitan para convento como lo solía hacer Teresa de Jesùs . El 22 de Julio se expuso el Santísimo Sacramento, queda hecha la fundaciòn de la villa de Daimiel de Carmelitas Descalzas bajo la advocaciòn del glorioso San Josè, en pobreza y sin recursos.
En 1583 los padres Carmelitas habían fundado ya en Daimiel en la ermita de la Virgen de la Paz, las monjas nos sentimos arropadas por nuestros hermanos que en 1615 nos cedieron su convento para ocupar ellos otro mayor a las afueras de la villa. Las hermanas nos convertimos en “las monjas de la Paz” y el monasterio fundado bajo la advocaciòn de San Josè le cediò el nombre a la Señora: “la Virgen de la Paz”.
Màs de cuatro siglos de presencia orante y silenciosa en este lugar, en esta Iglesia, tantas hermanas ocupadas en oraciòn … , viviendo los cambios de la historia y siempre la presencia de nuestro Dios. Recordamos de forma especial a “los hermanos de Jesùs” con los que hemos compartido parte de nuestra historia.
El paso del tiempo, el paso de las historia y tambièn el paso de las guerras habian hecho de nuestro monasterio un lugar inhabitable. En 1981 construimos un nuevo monasterio en las afueras de Daimiel, en un lugar màs solitario que nos evoca aquel primer lugar en el Monte Carmelo.
Aquí actualmente vivimos y oramos “todas ocupadas en oraciòn por la Iglesia y el mundo entero”.
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